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martes, 28 de febrero de 2012

La última cocacola del desierto

Una actitud de los hombres de la cual las mujeres deberíamos aprender (pues creo que la mayoría de nosotras no lo hacemos) es no tratar al otro como prioridad. Y no es algo que lo diga yo por una visión feminista particular del asunto, más bien hagamos un resumen cultural a lo largo de los tiempos. Recordemos aquellas viudas que jamás rehicieron sus vidas, todas esas solteronas que se quedaron para vestir santos porque tal vez el que la rondaba finalmente se casó con otra... y no fue capaz de fijarse en otro. Todas aquellas mujeres que han vivido por tantísimos años por y para sus maridos, cuando en muchos casos la situación no ha sido para nada recíproca. Entonces diríamos que era cultural, educacional, que eran otros tiempos en los que el papel de la mujer estaba en función de un hombre: ser esposa, compañera y madre.

Pero y ahora? Estamos en el s.XXI y, sin embargo, muchas mujeres siguen (o seguimos, me voy a meter también yo en el saco) dando prioridad absoluta al hombre. Y así nos va. Ellos, no sé de qué manera, han aprendido que nosotras (la que sea, yo, tú, ella, tu prima) no somos la última cocacola del desierto, si no eres tú será otra. Por qué nosotras no hacemos igual? Ojo, que no estoy criticando esta actitud masculina, al contrario, creo que es de las cosas que precisamente deberíamos copiar de ellos.
Porque no, no son nuestra última opción, no pueden ser nuestra prioridad.

Yo me separé (por primera vez) del mejor tío que he conocido en mi vida, y estoy segura de que, a día de hoy, seguirá siendo el mejor hombre que habite en muuuchos kilómetros. Lo hice y seguí en pie.
Después dejé a la persona de la que he estado más enamorada en toda mi vida, tal vez ciegamente, pero un amor tan tremendo, voraz, pasional y visceral que no sé cuántos órganos internos fui capaz de perder en esa relación. Lo hice y seguí de pie.
También perdí a la persona que me ha dado los mejores polvos de mi vida, eso ya no eran sólo montañas rusas, era la feria entera!!! Se fue y yo seguí ahí, de pie.

Y seguramente no volveré a encontrar a una persona taaaaaaan buena y estupenda como aquel primero. Ni creo que viva un amor tan intenso y tremendo como el del segundo. Y mi listón en la cama está taaan alto que quizás no vuelva a ver tooodos los días fuegos artificiales. Pero... y qué?
No han sido mis últimas cocacolas!!! Puede que encuentre por ahí a alguien que no me dé unos polvos de película, pero tal vez me toque el corazón con su mano y su mirada. O puede que algún otro no sea la mejor persona del mundo porque aúne varios defectos, pero tal vez me entienda, me acompañe y me haga reír como nadie. O quizás no haya nadie que sea capaz de robarme el corazón de forma que lo pueda apretar fuertemente en su puño, pero a lo mejor me ama y me desea de una forma intensa, irrepetible y pasional.

Así que, querido mío, aunque sé que no me lees pero me hace bien decirte estas palabras en voz alta, no creas que eres la última cocacola del desierto, de mi desierto. Si seguí de pie después de tan costosas despedidas, si algo he aprendido en todo este tiempo tratando con tipos como tú, o con otros no tan como tú pero en definitiva tipos, es que hay que mirar a las personas, en su conjunto, desde los dedos del pie pasando por sus entrañas hasta la punta del último pelo. Y entonces, en ese momento, aunque no sea la última cocacola del desierto, será el momento en que esa persona sea la que me acompañe y probablemente, porque no sea mi último aliento, sea la que se pueda quedar para siempre.

Aprendamos la lección. Palabra vital. Amén

pd. dedicado a una gran amiga mía casi de la infancia, de la que oí por primera vez (si no lo inventó ella) el término "última cocacola del desierto". Te quiero un montón.

Podéis ir en paz ;)