Mostrando entradas con la etiqueta deseo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta deseo. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de marzo de 2011

¿El amor alimenta? (Editado)

Siempre nos han inculcado que cuando hay amor ya lo tenemos todo, que nos tenemos que sentir satisfechas por ello, como decía el refrán "contigo pan y cebolla". Sin embargo, con el tiempo descubrí que para nada esto es cierto, que son muchas las inclemencias y adversidades que nos acechan cada día y, por supuesto, la peor es la que ataca a las necesidades básicas, por eso adopté mejor el refrán de "cuando el hambre entra por la puerta, el amor salta por la ventana".

Sin embargo, hay un cierto estado-etapa donde sí creo que el amor alimenta, o al menos, hace que no necesitemos comer tanto. Y me refiero a ese estado casi de trance que es el de la pasión sexual. Pues sí chicas, a mí el sexo no me da hambre. Con lo que tengo delante tengo más que suficiente.
Me refiero a una pasión real, a esa que se siente cuando quieres comerte a la otra persona de arriba a abajo, porque te encanta enterita, porque te enciende, porque se te pasan las horas sin darte cuenta, y tu imaginación explota, y no sientes frío y el espacio de tu habitación es todo el mundo que en ese momento conoces y necesitas.


Y en ese estado, yo puedo pasar horas sin comer. Y claro, cuando esa persona se convierte en tu pareja, y pasan lo días, el ansia de amor es inversamente proporcional a los kilos, yo me voy configurando un tipín estupendo y cuanto más "hambre" siento más delgada me vuelvo.
Esta satisfacción completa, de sensaciones físicas estupendas pero llena de pasión, me alimenta completamente.
Evidentemente esto no dura demasiado tiempo, pero al menos, por el plazo que dure puedo decir que sí, que en ocasiones el amor llena la panza.

* Edito para aclarar una cosa. A mí el hambre sólo me lo quita dos situaciones: las trágicas y el enamoramiento medular. Afortunadamente, hace ya mucho que no tengo ninguna situación trágica (sí dramáticas o tragicómicas, pero fuertemente trágicas no) y tampoco me he vuelto a enamorar de esa manera. Por lo demás, yo tengo hambre siempre, soy de buen comer y tengo buen apetito (tengo días y días). El post va en el sentido que indica Moli, es un lleno provocado por unas mariposillas que hacen que se te anude el estómago y, no es sólo que no te pase nada por él, sino que tampoco sientes esas ganas de comer. 
Así que mi tipín hace mucho que se fue al garete, pero oye, que prefiero mi forma redondeada-peril que no tener malas vivencias (por supuesto, nadie quiere pasar por esto) ni volver a tener un amor taaaaaaaaaan intenso pero a la vez que me hacía sufrir. Con algún kilito pero feliz y tranquila espiritualmente.
Besos