(Si quieres leer la 1ª parte pincha aquí)
Según avanzaba el tiempo yo tenía más que superada mi relación y posterior fracaso con mi ex, me ilusionaba con algunos chicos que iba conociendo y me apetecía un montón salir y conocer gente. Pato sin embargo no, lo veía estancado, siempre volvía al monotema de su ex y el daño que le había hecho, en definitiva, no lo superaba.
Por el contrario, él tenía un éxito tremendo con las mujeres, la que no se quedaba enganchada con él al menos tenía intención de conocerle más profundamente; yo sin embargo, iba sumando chasco tras chasco y chufla tras chufla. Pato le encontraba alguna pega en 0,2 absolutamente a todas las mujeres que conocía. Yo sin embargo, intentaba conocer a la persona, aunque normalmente me salía mal la jugada. Pero paradójicamente, el que no dejaba de hablar de enamorarse y tener ganas de encontrar pareja era él.
En fin, con esto quiero decir que, yéndole a él bastante mejor que a mí en temas de conquistas, nunca estaba satisfecho y a mí me hacía sentirme peor en vez de animarme. Porque todos los tíos que yo conocía les parecía mal, me auguraba que me iba a dar de bruces y cuando me daba y le iba llorando me hundía diciéndome que ya me advirtió, que parecía tonta. De hecho, él prometía siempre que me iba a presentar amigos suyos "bien seleccionados" (según él, yo no sabía elegir), pero nunca lo hacía.
Recuerdo en un cumpleaños mío que recibí un email suyo con un archivo adjunto; era una foto de un chico y decía "este es mi regalo de cumpleaños para ti". El chico era un amigo al que dio el visto bueno para mí, así que se dedicó a metérmelo por los ojos y, cuando yo estaba dispuesta a conocerlo, él nunca encontraba el momento de presentármelo y organizar una quedada de amigos para así propiciar un encuentro.
De hecho, terminé conociendo a este chico de forma casual y a través de otras personas y, aunque yo intenté seguir el contacto con la excusa de que también era amiga de Pato, Pato nunca lo llamaba para quedar, o cuando yo organizaba algo en mi casa... de repente, ya no le parecía tan bueno para mí.
Con el tiempo me di cuenta de que el problema de Pato es que no le podía decir las verdades más crudas. No le podía decir que me sentaba mal lo que me decía porque no me ayudaba, porque en vez de consolarme y levantarme me hundía aún más, y no entendía cómo él no se daba cuenta. Que no buscaba eso en el hombro de un amigo. Y eso suponía una bronca. De hecho, teníamos broncas frecuentes al más puro estilo de escenas de matrimonio (dicho por los demás), por lo que mucha gente que no nos conocía pensaban que éramos pareja.
Así que llegó un momento en que dejé de contarle cosas progresivamente y muchas veces ni siquiera le decía lo que realmente opinaba de un asunto. Pero bueno, la amistad "funcionaba", hablábamos casi a diario aunque no nos veíamos tanto, pero las broncas continuaban. Al final se solucionaban porque siempre daba yo mi brazo a torcer, no podía estar enfadada con él mucho tiempo, así que siempre terminaba llamándole y disculpándome (aunque yo estuviese dolida).
Y claro, con estas cosas pasa que te tragas tu orgullo hasta que llega un día que no te lo tragas más. Yo reconozco que soy muy gruñona, pero también tengo muuuucho aguante con la gente, no es que dé 2 ó 3 oportunidades, es que doy 300 y, como no soy nada orgullosa, no me cuesta dar el paso de la reconciliación y pedir perdón, porque para mí no es nada deshonroso.
Pero hace un año justo pasó algo que ya no aguanté más. Era la feria de Sevilla y yo había hablado con él de vernos por allí cuando a él le apeteciera ir (no es muy feriante). Por otro lado, días antes, yo me encontré a unos amigos en común y quedé con ellos en que cierto día nos veríamos todos (dando por hecho que Pato también iría ese día). En la feria es muy común no quedar a una hora ni en un sitio en concreto, porque no te puedes fiar de los horarios. Lo normal es decir "quedamos el martes noche" y una vez allí la gente se llama y se dice dónde anda, porque el que más o el que menos tiene una caseta dónde aterrizar.
Pues el día de marras, yo me fui a la feria con una amiga (que también conoce a Pato, de hecho ellos ahora son amigos). Estábamos las dos solas puesto que yo había quedado con el grupo de amigos de él, pero sin especificar hora ni sitio, así que no había quedado con nadie más. Y visto que él no nos llamaba, lo llamamos nosotras. No contestó. Vale, en feria es normal no oír el móvil a la primera. Segunda llamada, tercera, cuarta, quinta... no sé cuantos sms... Le dije a mi amiga que lo llamara ella, para que se diera cuenta de que estábamos juntas... y bueno, a ella ya le devolvió la llamada. Cuando le dijo que las dos les estábamos esperando, que dónde andaba, se hizo el loco. "En la feria", decía. "Ya ya, pero dónde, que vamos para allá, o venid vosotros donde estamos". Y nada, no soltaba prenda. Hasta que finalmente, cuando yo cogí el teléfono para que me dijera dónde estaba, me dijo que es que él estaba con amigos, y que nosotras no podíamos ir.
COOOOOOOOOOOOMO? Os podéis imaginar mi cara? (y la de mi amiga igualmente, que tampoco le sentó muy bien la verdad). Y no, no era una broma ni motivo del rebujito ferial. El estaba con SUS amigos desde el mediodía y nosotras no teníamos cabida.
Mi cabreo fue monumental. Y ya no por el cabreo en sí, sino que me sentí super dolida. Yo, que le había presentado a todas mis amigas, que lo conocían hasta en mi trabajo porque más de una compañera sospechaba que era mi novio, que lo conocían en mi familia de oídas porque siempre hablaba de él, porque más de un ligue que me eché sabía de su existencia porque siempre hablaba de él, orgullosa por ser mi único amigo hombre.... Que siempre estuve ahí en sus momentos de bajona (que fueron muchos), que me plantaba en su casa cuando lo veía todo negro y no quería salir de la cama...
Pues sentí que me excluía, que por algún motivo no me podía mezclar con sus amigos a los que yo de hecho conocía y ya había salido en alguna ocasión.
Y claro, para mí esto fue la gota que colmó el vaso. Me dolió tanto que no estuve dispuesta a ser yo la que le llamase. Tendría que ser él y disculparse. Pero no lo hizo. Y al enterarse (por mi amiga) que yo estaba molesta, pues menos lo hizo.
Desde entonces no hemos vuelto a hablar. Hace unos meses coincidimos en una manifestación. Yo estaba dispuesta a saludarle y echar el rato de la manera más cordial posible. Cuando yo llegué, él ni me miró a la cara. Yo iba con la misma amiga de la feria y él le presentó a la gente con la que iba. A mí me obvió, como si no estuviera allí. Me pareció el colmo de la mala educación, aguanté esa mañana el tipo como pude y le dije a mi amiga que jamás contara con los dos para algo.
Desde entonces no sé nada de él. Los amigos en común que teníamos también dejé de verlos. Casualmente, el pasado finde me encontré por la calle con el chico que él me quiso colocar. Pero fui un poco torpe y, ante las prisas que me metieron las amigas con las que iba, pues ni caí en darle mi teléfono o algo. En fin, será el destino, que nunca estuvo para mí.
Yo siempre pensé que mi amistad con Pato, al nivel que la teníamos, duraría hasta que él se echara una novia, porque pienso que a mucha gente le puede dar celos una amistad tan estrecha, sospechando que tal vez entre nosotros hubiera pasado algo. Pero bueno, me exponía a eso. Lo que nunca pensé es que acabara así. Sé que algunas pensaréis que fue una tontería, o que no fue para tanto, pero os puedo asegurar que la cuerda estaba ya tan tensa que terminó por romperse. Porque en cualquier tipo de relación no puede ser sólo uno el que siempre dé el primer paso, el que pida perdón, el que busque al otro... yo lo hago y no me importa, porque me sale solo, pero lleva el riesgo de que en cierto momento me canse y no tire más.
El sentirme excluida, como que tenía que esconderme de sus amigos, me hizo sentir muy mal. Y el no recibir ni siquiera una disculpa me dolió tremendamente.
Y si os soy sincera, el romper esta amistad también me quitó un enorme peso de encima. Porque estaba cansada de tantas discusiones, de no ponernos casi nunca de acuerdo. Ya no me pesaba sobre los hombros el sentirme cuestionada, el hundirme aún más ante cualquier "fallo" que cometiera, ya no me sentía tan tonta.
Con el tiempo ni lo echo de menos y creo que realmente no teníamos una amistad tan sólida. Por ahí leí una vez que, la amistad si es verdadera, no se sentirá amenazada por quebrarse.
Gracias por leerme! Buen finde!
Porque nos engañaron desde pequeñas... hoy en día todo lo que nos encontramos resultan ser de esta familia de anfibios
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sábado, 23 de abril de 2011
martes, 5 de abril de 2011
El amigo
Después de muchos intentos, desisto de la idea de buscar tener un AMIGO. Y lo pongo con mayúsculas porque hablo de amigo en el mismo sentido que me puedo referir a una amiga, sin tener que distinguir el sexo.
Colegas, o coleguitas, o amiguito es distinto, de esos hubo, haylos y habrá, pero como un día (creo que fue MOLI) me pidió que escribiera sobre la amistad, pues allá voy.
He tenido pocos amigos hombres (quitando a mis parejas, que sí fueron también mis amigos) y tampoco es cuestión de repasar toda la gente que ha ido pasando por mi vida. Así que me voy a remitir a los últimos que yo consideré amigos.
Del folla-amigo ya os hablé en un post. Labramos una buena amistad en su momento, pero claro, había sexo de por medio, y no sólo eso, sino que vivía en mi casa!!! Con lo cual nuestro día a día era como el de una pareja (también tengo que decir en su favor que con esa relación tuve todo lo bueno de una pareja y sin embargo ninguno de los inconvenientes.. "qué suertuda" me diréis, bueno sí, pero claro, lo bueno dura poco).
Cual fue el fallo? Que cuando se fue de mi casa y volvió a su ciudad la amistad se fue enfriando, hasta que se congeló. Y si hubo proceso de congelación progresivo fue porque yo estaba ahí tirando del carro, si no, se hubiera ido a la mierda del tirón. Hoy en día no lo considero ya mi amigo, porque una persona que no te contacta prácticamente nunca (teniendo los medios: móvil, fijo, email, msn, facebook, etc) por dejadez, no creo que tenga mucho interés en una amistad. Y aunque lo tuviese, estoy cansada de tirar del carro en la mayoría de las relaciones con las que me encuentro. La última vez que hablé con él me dijo que él me consideraba una gran amiga... yo me quedé callada.
Con el estresao (aquí y aquí) empezamos siendo amigos (también os hablé ya de él). Nos contábamos nuestras penas, nos reíamos un montón, hablábamos a diario, nos sentíamos atendidos y queridos el uno por el otro, por lo que nos fuimos haciendo "íntimos". Y claro, intimamos tanto que terminamos en la cama. Afortunadamente no fue una relación sólo sexual, aunque yo creo que este caso se adapta mejor al concepto de folla-amigo que el otro. Porque no vivíamos juntos y sí que éramos muy amigos. Pero a parte del sexo, empezaron a mezclarse sentimientos. Por su parte no los tuve nunca claro porque me volvía loca, pero yo sí que me llegué a plantear una relación más formal. Nunca pudo ser.
La amistad se fue degradando, descomponiéndose y echándose a perder a base de peleas, enfrentamientos y malos modos. Yo reconozco que tengo mi carácter y que soy muy de echar broncas, pero por otro lado, soy una persona muy fácil de conocer porque se me ve venir, con lo cual, quien me conoce me baja pronto ese ímpetu. Pero el estresao me ponía a mil, me hacía sentir cada vez peor, me daba donde más dolía y empezó a hacerme muchas de las cosas que ya viví con mi ex y por las que caí en ese mal de amor tan negro que sufrí. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que ni me quería ni era mi amigo. Un amigo no te daña un día sí y otro también. Ni te abandona cuando lo necesitas, ni te busca sólo para su conveniencia. De hecho, la última frase que le permití decirme fue "que yo era de lo peor que se puede conocer". Qué gran amigo no? De nuevo, intento fallido.
Pato sí fue un amigo con mayúsculas. Nunca tuvimos un lío ni nada y, a pesar de que alguna gente me decía que él quería algo conmigo, yo nunca lo tuve nada claro. Quiero decir, que nunca sentí que él sintiera nada por mí, es más, no era su tipo para nada. Y a mí, me hubiera encantado que él me hubiese gustado, pero es que no me ponía en absoluto. Lo veía más como un hermano mayor, porque además era del tipo abuelete (nada marchoso, de andares pausados, quejoso, etc).
Nunca entendí cómo llegamos a ser tan buenos amigos, porque la verdad teníamos muy pocas cosas en común. Nuestra amistad se labró a raíz de nuestras propias rupturas sentimentales, más o menos los dos a la vez y ambos llevándolo realmente mal. Y ese mal en común se convirtió en el motivo de acercamiento. Nuestra mayor conversación fue el dolor del desamor, nuestros ex, los sentimientos, el mal de amores, prácticamente todo giraba en torno a eso. Con el tiempo, ya nos empezamos a contar nuestras aventurillas y las citas que íbamos teniendo con la gente que conocíamos por ahí (muchos a través de internet). Y nos lo contábamos al detalle, dando prácticamente partes de las citas que íbamos teniendo, yo aconsejándole cómo tenía que ir vestido a tal o cual cita, enseñándonos fotos de los distintos "churris". En fin, con la confianza absoluta que te ofrece una amistad.
La diferencia entre él y yo estaba en que yo siempre intentaba animarle con la chica de turno y sin embargo él, me tiraba por tierra al que fuera. Como a mí casi todos los encuentros me salieron mal (me gustaron unos cuantos que pasaron de mí, entre ellos el cazador, con el que me enganché y lo pasé bastante mal), Pato se dedicaba a resaltar las pocas vistas que tenía, pareciéndole mentira con lo buena consejera que yo era. En definitiva, me hacía sentir la más tonta de las tontas....
to be continued
Colegas, o coleguitas, o amiguito es distinto, de esos hubo, haylos y habrá, pero como un día (creo que fue MOLI) me pidió que escribiera sobre la amistad, pues allá voy.
He tenido pocos amigos hombres (quitando a mis parejas, que sí fueron también mis amigos) y tampoco es cuestión de repasar toda la gente que ha ido pasando por mi vida. Así que me voy a remitir a los últimos que yo consideré amigos.
Del folla-amigo ya os hablé en un post. Labramos una buena amistad en su momento, pero claro, había sexo de por medio, y no sólo eso, sino que vivía en mi casa!!! Con lo cual nuestro día a día era como el de una pareja (también tengo que decir en su favor que con esa relación tuve todo lo bueno de una pareja y sin embargo ninguno de los inconvenientes.. "qué suertuda" me diréis, bueno sí, pero claro, lo bueno dura poco).
Cual fue el fallo? Que cuando se fue de mi casa y volvió a su ciudad la amistad se fue enfriando, hasta que se congeló. Y si hubo proceso de congelación progresivo fue porque yo estaba ahí tirando del carro, si no, se hubiera ido a la mierda del tirón. Hoy en día no lo considero ya mi amigo, porque una persona que no te contacta prácticamente nunca (teniendo los medios: móvil, fijo, email, msn, facebook, etc) por dejadez, no creo que tenga mucho interés en una amistad. Y aunque lo tuviese, estoy cansada de tirar del carro en la mayoría de las relaciones con las que me encuentro. La última vez que hablé con él me dijo que él me consideraba una gran amiga... yo me quedé callada.
Con el estresao (aquí y aquí) empezamos siendo amigos (también os hablé ya de él). Nos contábamos nuestras penas, nos reíamos un montón, hablábamos a diario, nos sentíamos atendidos y queridos el uno por el otro, por lo que nos fuimos haciendo "íntimos". Y claro, intimamos tanto que terminamos en la cama. Afortunadamente no fue una relación sólo sexual, aunque yo creo que este caso se adapta mejor al concepto de folla-amigo que el otro. Porque no vivíamos juntos y sí que éramos muy amigos. Pero a parte del sexo, empezaron a mezclarse sentimientos. Por su parte no los tuve nunca claro porque me volvía loca, pero yo sí que me llegué a plantear una relación más formal. Nunca pudo ser.
La amistad se fue degradando, descomponiéndose y echándose a perder a base de peleas, enfrentamientos y malos modos. Yo reconozco que tengo mi carácter y que soy muy de echar broncas, pero por otro lado, soy una persona muy fácil de conocer porque se me ve venir, con lo cual, quien me conoce me baja pronto ese ímpetu. Pero el estresao me ponía a mil, me hacía sentir cada vez peor, me daba donde más dolía y empezó a hacerme muchas de las cosas que ya viví con mi ex y por las que caí en ese mal de amor tan negro que sufrí. Por lo tanto, llegué a la conclusión de que ni me quería ni era mi amigo. Un amigo no te daña un día sí y otro también. Ni te abandona cuando lo necesitas, ni te busca sólo para su conveniencia. De hecho, la última frase que le permití decirme fue "que yo era de lo peor que se puede conocer". Qué gran amigo no? De nuevo, intento fallido.
Pato sí fue un amigo con mayúsculas. Nunca tuvimos un lío ni nada y, a pesar de que alguna gente me decía que él quería algo conmigo, yo nunca lo tuve nada claro. Quiero decir, que nunca sentí que él sintiera nada por mí, es más, no era su tipo para nada. Y a mí, me hubiera encantado que él me hubiese gustado, pero es que no me ponía en absoluto. Lo veía más como un hermano mayor, porque además era del tipo abuelete (nada marchoso, de andares pausados, quejoso, etc).
Nunca entendí cómo llegamos a ser tan buenos amigos, porque la verdad teníamos muy pocas cosas en común. Nuestra amistad se labró a raíz de nuestras propias rupturas sentimentales, más o menos los dos a la vez y ambos llevándolo realmente mal. Y ese mal en común se convirtió en el motivo de acercamiento. Nuestra mayor conversación fue el dolor del desamor, nuestros ex, los sentimientos, el mal de amores, prácticamente todo giraba en torno a eso. Con el tiempo, ya nos empezamos a contar nuestras aventurillas y las citas que íbamos teniendo con la gente que conocíamos por ahí (muchos a través de internet). Y nos lo contábamos al detalle, dando prácticamente partes de las citas que íbamos teniendo, yo aconsejándole cómo tenía que ir vestido a tal o cual cita, enseñándonos fotos de los distintos "churris". En fin, con la confianza absoluta que te ofrece una amistad.
La diferencia entre él y yo estaba en que yo siempre intentaba animarle con la chica de turno y sin embargo él, me tiraba por tierra al que fuera. Como a mí casi todos los encuentros me salieron mal (me gustaron unos cuantos que pasaron de mí, entre ellos el cazador, con el que me enganché y lo pasé bastante mal), Pato se dedicaba a resaltar las pocas vistas que tenía, pareciéndole mentira con lo buena consejera que yo era. En definitiva, me hacía sentir la más tonta de las tontas....
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