- " Perdonar es hacerle el duelo al odio"-
Cuando tú perdonas puedes mantenerte
en paz y tranquilidad.
Cuando tú perdonas no le haces ningún favor
a tu agresor, sino que te haces un gran favor
a ti mismo, pues el perdón es la mejor receta
del mundo para curarte de la amargura.
Cuando estás resentido, cuando no perdonas,
significa que te has quedado estancado
en el pasado, y eso es muy perjudicial
para tu salud.
Cuando no perdonas, atraes a tu vida dolor
y sufrimiento y en muchos casos enfermedad física.
Ningún ser inteligente puede tener en sus manos
un carbón encendido, teniendo la posibilidad de soltarlo.
Si tú has perdonado de verdad, cuando venga
el recuerdo de la ofensa a atormentarte puedes decir:
“Eso ya pasó, ya está completamente perdonado.
Es más, ya lo olvidé, tú no tienes poder sobre mí.
¡Vete, no te necesito!”.
Y si siempre le tratas de igual forma, esa energía
se irá debilitando cada vez más, hasta que
en algún momento desaparecerá completamente.
En el tema del perdón no podemos ser hipócritas
o inconscientes, porque internamente sabemos
si hemos perdonado o no.
Si quieres vivir sano, comienza por limpiar tu mente.
Comienza por perdonarte a ti mismo por todo lo malo
que hayas hecho o creas haber hecho.
Reconoce tus faltas, no le eches la culpa a nadie.
Responsabilízate por lo que hiciste.
Píde perdón y comprométete a no volver
a cometer el mismo error otra vez.
Conseguí perdonarte después de mucho tiempo, algo que siempre afirmé que no haría, así viviera 1000 vidas. Pero lo hice, y salió solo. Y desde entonces confío más en el poder de la mente, en lo interior, en la sanación propia. Porque gracias a ese perdón volvieron todos los buenos recuerdos y volví a sentir cómo te quise sin dolor. Porque TE QUISE con mayúsculas, porque viví con mayúsculas, porque vivimos una historia que sólo es nuestra y que eso ya nadie me podrá arrebatar. Y por fin dejé de negar que tú también me quisiste, y mucho, a pesar de que la cobardía y la comodidad pudieron más que ese sentimiento. No voy a decir que aún me duele, sí porque en ese momento perdí, los años de perdedora también se vinieron conmigo, pero ahora sé que también me queda dentro ese AMOR. Porque lo tuvimos los dos, yo de ti también, ahora lo sé. Y sé que no me da miedo querer, ni amar, ni desear, porque tuve el listón tan alto contigo que el corazón ya no se puede hacer más grande. Un corazón grande con muchas heridas, muchas tuyas, que ahí están, algunas han vuelto a abrirse y aquí ando en "consultas externas" para mis curas.
No sé si mi perdón te llegará, ojalá que sí, no sé si eres realmente consciente de todo lo que pasó, lo que tuvimos, lo que te di, lo que te quise... Porque me consta que no has vuelto a tener nada de eso. Y sabes qué? No me hace más feliz. Te he llorado después de todos estos años, te he soñado y he deseado verte y mi sentimiento afloró como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera aprendido a vivir sin ti. Pero confio en mi y en ti, desgraciadamente, no. No sé si te sigo queriendo de alguna manera, tampoco me importa. Olvidarte no, de momento tampoco voy a decir que jamás. Pero estás ahí, de otra manera, inalcanzable ya para mí, viviendo pero teniéndome presente. Tal vez sea ese tu castigo, aunque no te deseo que sufras. Ya lo hice por los dos. Me has arrebatado muchos años de mi vida pero ahora, ya en una nueva década, no me vas a arrebatar más.
Si vuelves algún dia vuelve limpio, maduro y consciente porque la vida no da muchas oportunidades y pasa rápido.
Se acerca San Valentín y no he vuelto a tener ninguno más, pero este año he conseguido recordar tu mirada, tus abrazos y tus risas. Y ese regalo me lo hago yo, porque es absolutamente mio.