Mostrando entradas con la etiqueta autoayuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta autoayuda. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de septiembre de 2013

No me quieras tanto III

Engaño, autoengaño, engaño, autoengaño... dónde está el límite? Ahora lo sé, el límite está en mí, sólo en mí.

No me quieras a medias, con limitaciones y dudas, porque no te lo voy a agradecer, el querer no es un favor. El querer es tangible, incuestionable, no pasa desapercibido, se nota. Si no sabías si me querías es que no me querías, hace mil años, hace poco y ahora. Asumir, asumir, asumir.
Los problemas externos podrían haber causado cansancio, irritabilidad o impotencia pero nunca fueron causa para justificar una lejanía afectiva. Mea culpa, me creía las excusas. No lo ví, no lo entendí. Pero tampoco quieras que no lo entienda ahora. Ahora sí, se me encendió esa luz, recuerdas?
Me hiciste creer que el amor era inalterable, ultrarresistente, que no se derrumba y persiste pase lo que pase (sí, la canción Come what may). Pero un buen día se derrumbó, pensé que acabó o nunca existió (que eso es lo que más duele). Lo que se derrumba no se levanta sólo, es más, es casi imposible que vuelva a ser lo mismo. No soy una niña, no soy tan tonta a pesar de todas mis buenas intenciones. No me digas entonces que nunca llegó a ser ruinas.
La flexibilidad es buena siempre y cuando no se quiebre la propia individualidad. La docilidad es la estrategia ideal para los que no quieren o no pueden independizarse. Qué curioso porque así es como me considerabas no? Flexible y dócil, pero tú en el fondo lo veías como un gran defecto. Nos guste o no, hay cosas que sí son graves, insoportables y radicalmente no negociables. No vivo en un color rosa, así que no pretendas pintarme tu halo de color algodón de azúcar.

Supuestamente soy experta en duelos... y me doy de bruces con fantasmas y heridas que se abren como si fueran estigmas. He hecho tan malas lecturas!!! Ni mi experiencia, ni mi formación, ni mis conocimientos, ni mi sensibilidad me han servido de nada... Malinterpreté, correlacioné ilusoriamente, anhelé, pensé en una posible recuperación del pasado. Porque me hiciste creer durante tanto tiempo que nuestra relación sería inalterable, invariable y resistente a los embates de la vida, como si estuviera en conserva. Un amor en formol? Eso es lo que quieres que piense? Después de todo lo que enterré, del esfuerzo y el trabajo, vienes a sacarme de nuevo todo eso?
El romanticismo a ultranza genera en la gente un limbo afectivo del cual se niegan a salir... será tu caso, pero no el mío. Tal vez haya rechazado la ruptura, en mis palabras, no asumí. El famoso dicho popular "donde hubo fuego, cenizas quedan" parece regir la vida de mucha gente, así que no pretendas que me crea lo que no es. Sería mejor decir "donde hubo fuego, quemaduras quedan", en mi caso llegaron a ser de cuarto grado.

Muchas veces lo que tanto deseas termina por llegar... pero otra veces demasiado tarde, cuando ya no hay remedio. Esperé tanto, me consumí tanto y perdí tanto tiempo, que cuando sucedió no me supuso nada. Ni una alegría, ni un reconforte, ni una sonrisa... sólo recordar que las heridas -a pesar de la cirugía- siguen estando ahí, son mías, aunque sólo yo las vea.
Tu regalo no me ha servido de nada, sólo pensar en lo absurdo de todo, y entender que aún me queda otro perdón por gestionar. Espero tener años para eso.

(Este fue el regalo recibido, demasiado tarde, ya hay cosas que es imposible cambiar ni volver atrás).

Pero te dedico esta respuesta, porque justo esta noche he vuelto a soñar contigo... y he vuelto a llorar como antes.




*Nota aclaratoria: este escrito es de hace algunos meses, pero he considerado que hoy era el momento.





miércoles, 27 de febrero de 2013

No me quieras tanto II


Me confieso una persona apegada. Lo que no sabía del apego es que no se define tanto como el deseo sino como la incapacidad de renunciar a él. No sabía que he sufrido de síndrome de abstinencia, señal inequívoca de que hay apego. Detrás de todo esto puede haber miedo, sí, eso es lo que estoy tratando de averiguar. Miedo al abandono, a la soledad, al dolor, a la carencia... todo eso que se puede nombrar tan fácil pero que es bien difícil de digerir. Sólo sé que el apego me ha desgastado y me ha “enfermado”, que a pesar de haber sufrido varios duelos parece que aún no soy capaz de elaborarlos y procesar las pérdidas de manera efectiva. He llegado a verme patética, porque la paradoja de todo esto es que el sujeto apegado, por evitar el sufrimiento, instaura esta dependencia, la cual incrementa el nivel de sufrimiento que lo llevará nuevamente a fortalecer su apego para volver otra vez a padecer. Sí, parece un trabalenguas, pero es el círculo vicioso que resulta en definitiva de todo esto.


                        Si me engañas una vez, tuya es la culpa
                        Si me engañas dos, la culpa es mía
                                    (Ananágoras)


La solución a todo esto es ser realista en el amor. ¿Y cómo lo consigues? Con autorrespeto y autocontrol. Y no todo el mundo lo hacemos, y peor, no lo hacemos creyendo que sí lo estamos haciendo y que vamos por el buen camino.
La primera premisa que he aprendido de todo esto es que si alguien no sabe que te quiere es que NO TE QUIERE. Nos acostumbramos a dar todo tipo de excusas, algunas de sobra manidas: “me quiere pero no se da cuenta”, “sus problemas le impiden amarme”, “esa es su manera de amar”, “me quiere pero tiene impedimentos externos”, “se va a separar”, “nadie es perfecto”, “no es tan grave”, “hay parejas peores”...
Todo esto implica un mal duelo, es decir, no se acepta la ruptura o la pérdida.
Hay excusas mucho peores y a mi entender aún más patéticas: “aunque no estemos juntos todavía me quiere”, “después de tanto tiempo es imposible que me haya dejado de querer sin más”, y la mejor de todas “un amor así nunca se acaba”. Es que de verdad, ahora lo leo y me da la risa.

Aunque yo no haya llegado a un nivel de patetismo tan elevado, sí me agarré a principios erróneos no excusables. “Todavía me llama, todavía quiere saber de mí”... Una mirada o una llamada puede significar que aún le gustas a tu ex, pero eso nada tiene que ver con el afecto. Puede tratarse de una atracción recordatoria o incluso reminiscencias hormonales, pero no significa necesariamente proximidad afectiva.

Se va a dar cuenta de lo que valgo, es cuestión de tiempo” también es un autoengaño muy recurrente. Pero ¿cuánto hay que esperar? ¿ Se justifica la demora? Para W. Riso sólo el hecho de que tengan que “perderte” para “valorarte” es ofensivo e insultante. ¿Hasta cuándo las mujeres, entre amigas, vamos a dejar de darnos estos consejos? ¿ No sería más afectivo poner los pies en el suelo y definir la realidad tal cual es? Una persona que espera la “evaluación” del otro, como si tuviera que pasar un examen, se está tratando como un objeto de compra-venta. Los que dudaron AFECTIVAMENTE una vez, vuelven a dudar. Es mejor no vivir en ascuas. Si no te aman hoy, NO TE AMAN.

Creo que de la mano de la anterior excusa va el de “intentaré nuevas estrategias de seducción”. JAJAJA Es que da igual lo que hagas. Que te veas más bella, más delgada, divirtiéndote, en compañía de otros, más estudiosa, más simpática, más abierta... da igual!!!! Estos son pañitos de agua fria para calmar el malestar, pero no eliminan la infección. Porque además, lo que seguramente derivará en que se dé la siguiente y (para mi caso) más grave excusa.
Todavía hacemos el amor”. Sí, apego al sexo, para rizar el rizo. Fue curioso cómo de la noche a la mañana me empecé a convertir en el ser más sensual y erótico del universo. Una atracción tardía y desconocida hasta entonces que te empujó a un éxtasis tal que me arrastró hasta mis propias cloacas. Qué bonita historia, todo muy “romántico”.
Seguir teniendo sexo con la persona que queremos pero que no nos corresponde (y lo sabe) es un DISPARATE. Cada encuentro se convierte en la confirmación de un “sí” con sabor a “no” y es una afrenta para la autoestima. Es la propia esperanza en carne viva. Porque ser deseable no es ser querible, queridos míos. El deseo no es amor.

Y sí, lo confieso: no me resigné a la pérdida, porque no quería perderme los beneficios. Miedo a quedarme sin afecto que, en definitiva, me llevaba a no establecer metas, a postergaciones amañadas y remedios insuficientes. ¿Por qué sucedió todo esto? En primer lugar por tu gran estrategia: “ vamos a ser amigos, te quiero mucho, no te quiero perder”. Y lo que me salté a piola (y eso que siempre lo he tenido claro, que para eso tengo mi propio cementerio) es que cuando una relación de pareja se rompe es prácticamente imposible ser amigo de la persona que aún se ama. ¿Y por qué? Porque no soportamos la idea de que esa persona ya no esté en nuestra vida, porque queremos seguir ahí de alguna manera... la cuestión era ¿sólo yo? Porque al final esto me estaba llevando a una tortura china inconsciente, porque cuando hay amor la amistad queda incluida (o debe quedar), pero si no puede haber más que amistad el amor se vuelve un problema. Incluso te inventaste un engendro (no manifiesto) del tipo follamigo, que no es ni una cosa ni la otra, experimentando afectivamente conmigo para así poder mantener mi ilusión de un encanto que ya no existía por tu parte.

¿Qué es lo que pasó? Que mi actuación estaba siendo de “dejarlo de a poquito”, pero tú tampoco me parabas. Sí ya sé, la responsabilidad era mía. Porque debería haber sabido que una persona con tendencia al apego no puede tratar con medias tintas. Es un típico autoengaño. Introducir el desamor paso a paso es como colocar lentamente una jeringa para que duela menos. Porque cada encuentro se convierte en una despedida a medio terminar, en un acto inconcluso que hay que volver a retomar, en una excusa para seguir. Vamos, que utilicé la “mejor” estrategia para desapegarme. Aunque aún se puede seguir cayendo en el agujero y es convirtiéndote en sólo un amante. ¿Y por qué? Porque hacer esto, con la excusa de no alejarnos del todo (o incluso por cierta dependencia sexual) es LA PEOR DE LAS DECISIONES. No sólo impedimos la elaboración del duelo, sino que perpetuamos el sufrimiento por tiempo indeterminado.

En definitiva, todos estos meses sólo he estado reteniendo la fuente de mi apego mediante mi propio autoengaño. Pero hay un camino, en mi interior había una luz. Y fue darme de bruces con la realidad, sintiendo un dolor profundo con sabor a traición, rompiéndome el alma, pero fui capaz de pararme sobre mis propios pies y mirar con perspectiva. Ahora empecé mi verdadero camino.




pd. habrá una tercera parte. No os quiero cansar.

martes, 12 de febrero de 2013

Saber perdonar

                              - " Perdonar es hacerle el duelo al odio"-

Cuando tú perdonas puedes mantenerte
en paz y tranquilidad.
Cuando tú perdonas no le haces ningún favor
a tu agresor, sino que te haces un gran favor
a ti mismo,  pues el perdón es la mejor receta
del mundo para curarte de la amargura.
Cuando estás resentido, cuando no perdonas,
significa que te has quedado estancado
en el pasado, y eso es muy perjudicial
para tu salud.
Cuando no perdonas, atraes a tu vida dolor
y sufrimiento y en muchos casos enfermedad física.
Ningún ser inteligente puede tener en sus manos
un carbón encendido, teniendo la posibilidad de soltarlo.
Si tú has perdonado de verdad, cuando venga
el recuerdo de la ofensa a atormentarte puedes decir:
“Eso ya pasó, ya está completamente perdonado.
Es más, ya lo olvidé, tú no tienes poder sobre mí.
¡Vete, no te necesito!”.
Y si siempre le tratas de igual forma, esa energía
se irá debilitando cada vez más, hasta que
en algún momento desaparecerá completamente.
En el tema del perdón no podemos ser hipócritas
o inconscientes, porque internamente sabemos
si hemos perdonado o no.
Si quieres vivir sano, comienza por limpiar tu mente.
Comienza por perdonarte a ti mismo por todo lo malo
que hayas hecho o creas haber hecho.
Reconoce tus faltas, no le eches la culpa a nadie.
Responsabilízate por lo que hiciste.
Píde perdón  y comprométete a no volver
a cometer el mismo error otra vez.

Conseguí perdonarte después de mucho tiempo, algo que siempre afirmé que no haría, así viviera 1000 vidas. Pero lo hice, y salió solo. Y desde entonces confío más en el poder de la mente, en lo interior, en la sanación propia. Porque gracias a ese perdón volvieron todos los buenos recuerdos y volví a sentir cómo te quise sin dolor. Porque TE QUISE con mayúsculas, porque viví con mayúsculas, porque vivimos una historia que sólo es nuestra y que eso ya nadie me podrá arrebatar. Y por fin dejé de negar que tú también me quisiste, y mucho, a pesar de que la cobardía y la comodidad pudieron más que ese sentimiento. No voy a decir que aún me duele, sí porque en ese momento perdí, los años de perdedora también se vinieron conmigo, pero ahora sé que también me queda dentro ese AMOR. Porque lo tuvimos los dos, yo de ti también, ahora lo sé. Y sé que no me da miedo querer, ni amar, ni desear, porque tuve el listón tan alto contigo que el corazón ya no se puede hacer más grande. Un corazón grande con muchas heridas, muchas tuyas, que ahí están, algunas han vuelto a abrirse y aquí ando en "consultas externas" para mis curas.
No sé si mi perdón te llegará, ojalá que sí, no sé si eres realmente consciente de todo lo que pasó, lo que tuvimos, lo que te di, lo que te quise... Porque me consta que no has vuelto a tener nada de eso. Y sabes qué? No me hace más feliz. Te he llorado después de todos estos años, te he soñado y he deseado verte y mi sentimiento afloró como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera aprendido a vivir sin ti. Pero confio en mi y en ti, desgraciadamente, no. No sé si te sigo queriendo de alguna manera, tampoco me importa. Olvidarte no, de momento tampoco voy a decir que jamás. Pero estás ahí, de otra manera, inalcanzable ya para mí, viviendo pero teniéndome presente. Tal vez sea ese tu castigo, aunque no te deseo que sufras. Ya lo hice por los dos. Me has arrebatado muchos años de mi vida pero ahora, ya en una nueva década, no me vas a arrebatar más.
Si vuelves algún dia vuelve limpio, maduro y consciente porque la vida no da muchas oportunidades y pasa rápido.
Se acerca San Valentín y no he vuelto a tener ninguno más, pero este año he conseguido recordar tu mirada, tus abrazos y tus risas. Y ese regalo me lo hago yo, porque es absolutamente mio.

jueves, 7 de febrero de 2013

No me quieras tanto I

En estos meses de inactividad en el blog, he estado no sólo pensando mucho, sino reflexionando a raíz de muchas conversaciones, lecturas y terapia. A pesar de todo esto, hay un momento donde ves la luz así de repente, como si una bombillita que parecía fundida sorprendentemente se enciende en algún lugar de tu mente...aunque esta vez, en mi caso, ha sido la luz de la bombilla acompañada con una bofetada sin manos.
Reconocer y asumir, reconocer y asumir, reconocer y asumir... son dos verbos tan simples, verdad? Pero para mí no, para mí pesan como una tonelada en mi corazón, en mi ego y en mis entrañas. Y eso que no me considero una persona orgullosa (tal vez por eso sea capaz de reconocer y asumir).

Aunque sé que esta entrada no la va a leer la persona a la que va dirigida (materialmente es im-po-si-ble), necesitaba la catarsis del blog. Para mí, quedarme con las cosas guardadas y no compartir no voy a decir que sea imposible, pero casi. El proceso catártico sale de mí tarde o temprano, de forma natural y a veces como una explosión. No creo que haga daño a nadie. Por otro lado, compartir mis conclusiones, mis lecturas o mis aprendizajes me hacen sentir algo más útil porque, en definitiva (y según palabras de mi terapeuta), mi tendencia natural es ayudar.

No voy a entrecomillar todo el texto porque para eso haría un corta-pega. Aunque las palabras textuales salen de libro de Walter Riso "Amar o Depender", yo las adapto a mi caso concreto. Recomiendo este libro a todas las personas que se sienten como yo (ya en su día os hablé de otra obra "Las mujeres que aman demasiado" link aquí) en este caso es aplicable tanto a hombres como a mujeres.
No me resigno a amar, pero sobre todo, amarme a mí misma.... a los "otros", por favor no me queráis tanto.

"Espero curarme de ti en unos dias
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral de turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad"
(Jaime Sabines)


pd. no quería que la entrada fuera demasiado larga, así que lo dejo para una segunda parte. Besos


lunes, 26 de diciembre de 2011

Las mujeres que aman demasiado

Como prometí a una seguidora (lo siento pero no recuerdo ahora mismo quién fue) voy a hablar de un libro de autoayuda que me ha venido muy bien para comprender muchas cosas que me han pasado, para verles un sentido y a partir de ahí, aprender de mis errores e intentar rectificar actitudes.
Se trata del libro "Las mujeres que aman demasiado", de la americana Robin Norwood. Y estas mujeres son somos básicamente las que sufren por amor.
A medida que iba leyendo el libro no dejaba de sorprenderme todas las situaciones que recreaba y que me habían pasado a mí tal cual, es como si lo estuviera viendo en una pantalla de cine. Situaciones vividas no con todos los hombres, pero sí especialmente con mi ex, con el estresado y, en menor medida, con el informático.
Yo no sabía que era una mujer que amaba demasiado, sólo que era una persona muy entregada y que me enamoraba con facilidad. Sin embargo, este tipo de mujeres no son las que aman a demasiados hombres, ni las que se enamoran con demasiada frecuencia, ni siquiera las que sienten un amor genuino demasiado profundo por otro ser. Son las que sólo saben amar sufriendo o bien que el "amor" que creen que sienten sólo les proporciona en definitiva sufrimiento y "obsesión" por la otra persona.

Si sufro por ti ¿me querrás?

Cuando amamos demasiado vivimos atrapadas en relaciones que afectan a nuestro bienestar emocional, a la vez que nos sentimos atraídas por hombres inaccesibles y problemáticos. Cuántas veces habéis oído (de vosotras mismas o de alguna conocida) aquello de que sólo se fija en tíos raros? Pues esta tendencia las tienen tenemos este tipo de mujeres. Y no raros en su primera apariencia, no no no, porque esos pueden echar para atrás desde el minuto uno, sino aquellos que precisamente no dejan ver su "problema" hasta más tarde. Y la cuestión es que este tipo de enganche, esta forma de relacionarse con los hombres, no es algo aislado ni poco frecuente sino, por contra, algo común en muchas mujeres que hemos aprendido (o nos han enseñado) que es así como deben de ser las relaciones de pareja.

Aunque el libro se centra y ejemplifica con casos de hombres alcohólicos o con algún tipo de adicción, estos casos son perfectamente equiparables a situaciones problemáticas, en las que nos enfrentamos a una relación con un hombre inaccesible, distante o con algún tipo de problema que nosotras creemos podemos solucionar (o eliminar) a través de nuestro amor.
Estas mujeres se enredan en situaciones de pareja donde el amor es un fin a conquistar. Sueñan con salvar al hombre que "aman" y piensan que si él cambiara obtendrían, como recompensa, su amor. Justifican la ira, la depresión, la crueldad, la indiferencia, la deshonestidad o la adicción de sus parejas. Creen que es posible el cambio y que esto depende de ellas. Sus historias personales pueden ser de una variedad infinita, pero todas tienen en común la necesidad de salvar a su hombre y de sufrir por ello.
Y os preguntaréis cómo se llega a esto y estoy segura que muchas diréis llegado a este punto que todo esto es una exageración, que es de gente insegura, que es algo sólo sacado de libros de psicología... y os puedo asegurar que no.
Una mujer no ama demasiado por casualidad, así de la noche a la mañana. Todo esto es un proceso basado en los aprendizajes de su infancia (aunque inconscientes), normalmente con algún tipo de carencia afectiva que les llevan a un concepto equivocado del amor. Pero todo esto no sólo está en el seno familiar sino que, desgraciadamente, nuestra sociedad nos enseña continuamente que sufrir por amor es romántico, no hay un gran amor sin un gran dolor por parte de alguno de los protagonistas. Estamos en una sociedad que refuerza las situaciones de mujeres que sufren por amor, creando heroínas de melodramas (en series de tv, en películas y en la novelas rosas), que siempre viven un gran amor por el cual el precio a pagar es el sufrimiento. Existe un mercado saturado de historias de amores difíciles, imposibles, conflictivas, que precisamente no enseñan a cómo salir y rechazar este tipo de relaciones no gratificantes para nosotras. Al contrario, lo válido es sufrir por amor, y que seamos dignas de que él nos ame es nuestra mayor recompensa. Nos enseñan a medir nuestro amor en función de la profundidad de nuestro sufrimiento.



En casa no había amor, sólo deber

Como ya he comentado, las mujeres que aprendemos a amar de esta manera solemos provenir de una familia disfuncional. Una familia disfuncional es aquella en la que los miembros juegan papeles rígidos y la comunicación entre ellos está restringida en función de esos roles. Los miembros no tienen libertad real para expresar sus experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia.  En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los papeles permanecen rígidos. Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo (incluso cuando estos temas son prohibidos en forma implícita o explícita) aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Y esto va deteriorando el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones. Y es este deterioro básico lo que opera en las mujeres que aman demasiado. Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos echan para atrás, porque no tenemos manera de evaluarlas de forma realista o autoprotectora.
Un hogar disfuncional no nos va a satisfacer emocionalmente, así que crecemos y aprendemos con una serie de "taras" que posteriormente (en la edad madura) volcaremos en nuestras relaciones. Cuando no hemos recibido el afecto suficiente, o la atención que nosotros creemos necesitar desde pequeños, cuando en nuestra familia aprendemos a ocultar sentimientos, a tener temas tabús, a oir-ver-callar, a que nuestra madre sufra por muchas situaciones y no se hable del tema, o bien no se comparta con el resto de la familia (normalmente por un afán de protección a los hijos), seguramente trataremos de compensar esta falta de afecto dando afecto a mansalva, especialmente a hombres que "parecen" necesitados. Aprendemos de forma inconsciente que podemos cambiar a los hombres a través de nuestro amor, por eso ninguna cosa resulta demasiado problemática, ni demasiado costosa, ni se alarga demasiado en el tiempo si con ello logramos ayudar (salvar) a nuestra pareja.
Por supuesto todo esto viene parejo a la inseguridad emocional, a la baja autoestima, a una serie de carencias emocionales y afectivas en general pero que resulta demasiado extenso para contar en un post. 

¿Qué nos atrae de los hombres emocionalmente insanos?

¿Por qué resulta tan difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos está arrastrando por tanto dolor? Hay una regla empírica que dice así: cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotros, más elementos de nuestra lucha infantil contiene.
Cuando amamos demasiado es porque tratamos de vencer los viejos miedos, frustraciones y dolores de la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima oportunidad: la de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.
Por ese motivo, no se sienten atraidas por hombres agradables, amables, confiables, interesados, les parecen aburridos. Esta clase de hombres compasivos y comprensivos no nos pueden ofrecer el drama, el dolor o la tensión a las que estamos acostumbradas y que nos parecen tan estimulantes y correctos.

¿Por qué a las mujeres nos atrae tan profundamente la idea de convertir a alguien infeliz, enfermo o problemático en nuestra pareja perfecta? ¿Por qué es un concepto tan atractivo, tan perdurable?

Esa necesidad de controlar a otros se origina en la niñez, durante la cual se experimentan muchas emociones abrumadoras.  Las herramientas de autoprotección incluyen un poderoso mecanismo de defensa, la negación, y una igualmente poderosa motivación subconsciente, el control.
El mecanismo de negación resulta especialmente útil para ignorar información con la que no queremos tratar. Se puede definir a la negación como el hecho de rehusarse a admitir la realidad en dos niveles: en el nivel de lo que está sucediendo en realidad, y en el nivel de los sentimientos. En una familia disfuncional siempre hay una negación compartida de la realidad.

Para nosotros no resulta fácil ni cómodo considerar que el comportamiento desinteresado, el “ser bueno” y los esfuerzos por ayudar pueden ser en realidad intentos de controlar, y que no tienen motivaciones altruistas. Cuando los esfuerzos por ayudar provienen de personas con antecedentes desdichados, o que están atravesando relaciones llenas de tensiones, siempre hay que sospechar la necesidad de controlar.
Cuando hacemos por otro lo que él mismo puede hacer, cuando planeamos el futuro o las actividades diarias de otro, cuando sugerimos, aconsejamos, recordamos, advertimos o tratamos de persuadir con halagos a alguien que no es una criatura, eso es CONTROLAR.
Una mujer que habitualmente practica la negación y el control se verá atraída a situaciones que exijan esas características. La negación alimenta la necesidad de controlar, y el inevitable fracaso en los intentos de controlar, alimenta la necesidad de negar.

El patrón de desarrollar relaciones en las que el papel de la mujer sea comprender, alentar y mejorar a su pareja es una fórmula muy utilizada por las mujeres que aman demasiado, y por lo general produce exactamente lo contrario al resultado esperado. En lugar de un hombre agradecido y leal que esté unido a ella por su devoción y su dependencia, una mujer así encuentra que pronto tiene un hombre que es cada vez más rebelde, resentido y crítico para con ella. Por su propia necesidad de mantener su autonomía y su respeto de sí mismo, él debe dejar de verla como la solución de todos sus problemas y verla, en cambio, como la fuente de muchos de ellos, si no de la mayoría. Cuando esto sucede y la relación se derrumba, la mujer cae en
una sensación más profunda de fracaso y desesperación. Si ni siquiera puede hacer que alguien tan necesitado e inadecuado la ame, ¿cómo podría esperar ganar y conservar el amor de un hombre más sano y apropiado? Eso explica por qué con tanta frecuencia una mujer así pasa de una mala relación a otra que es peor aún: porque con cada fracaso se siente cada vez menos digna.

Sé que es un tema complicado y me cuesta exponer todas las conclusiones a las que he llegado, pero he querido compartir parte de este libro con vosotros porque, al menos, ha sido una lectura que para mí se ha convertido en aprendizaje. Sobre todo porque me ha ayudado a comprender situaciones y actitudes que he vivido sufrido y no lograba entender. Por este motivo, es un libro que recomiendo a todos aquellos que sufren por amor y que llegan a sentirse tan desesperados, tan incomprendidos y tan mal consigo mismos que el sufrimiento no les permite avanzar.
No quiero terminar sin aclarar que aunque el libro se titule "Las mujeres..." es perfectamente extrapolable a los hombres, aunque -según la autora- son más numerosos los casos de mujeres "sufridoras" que de hombres sufridores, amén de que los trabajos terapéuticos utilizados en el libro han sido realizados con mujeres.

Más adelante profundizaré algo más en este libro, ya os digo que es muy profundo como para tratarlo en un post. Espero que os haya resultado interesante y que opinéis y para cualquier aclaración o duda tenéis la libertad de comentar. Un beso a todos.