Mostrando entradas con la etiqueta decepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta decepción. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de septiembre de 2013

No me quieras tanto III

Engaño, autoengaño, engaño, autoengaño... dónde está el límite? Ahora lo sé, el límite está en mí, sólo en mí.

No me quieras a medias, con limitaciones y dudas, porque no te lo voy a agradecer, el querer no es un favor. El querer es tangible, incuestionable, no pasa desapercibido, se nota. Si no sabías si me querías es que no me querías, hace mil años, hace poco y ahora. Asumir, asumir, asumir.
Los problemas externos podrían haber causado cansancio, irritabilidad o impotencia pero nunca fueron causa para justificar una lejanía afectiva. Mea culpa, me creía las excusas. No lo ví, no lo entendí. Pero tampoco quieras que no lo entienda ahora. Ahora sí, se me encendió esa luz, recuerdas?
Me hiciste creer que el amor era inalterable, ultrarresistente, que no se derrumba y persiste pase lo que pase (sí, la canción Come what may). Pero un buen día se derrumbó, pensé que acabó o nunca existió (que eso es lo que más duele). Lo que se derrumba no se levanta sólo, es más, es casi imposible que vuelva a ser lo mismo. No soy una niña, no soy tan tonta a pesar de todas mis buenas intenciones. No me digas entonces que nunca llegó a ser ruinas.
La flexibilidad es buena siempre y cuando no se quiebre la propia individualidad. La docilidad es la estrategia ideal para los que no quieren o no pueden independizarse. Qué curioso porque así es como me considerabas no? Flexible y dócil, pero tú en el fondo lo veías como un gran defecto. Nos guste o no, hay cosas que sí son graves, insoportables y radicalmente no negociables. No vivo en un color rosa, así que no pretendas pintarme tu halo de color algodón de azúcar.

Supuestamente soy experta en duelos... y me doy de bruces con fantasmas y heridas que se abren como si fueran estigmas. He hecho tan malas lecturas!!! Ni mi experiencia, ni mi formación, ni mis conocimientos, ni mi sensibilidad me han servido de nada... Malinterpreté, correlacioné ilusoriamente, anhelé, pensé en una posible recuperación del pasado. Porque me hiciste creer durante tanto tiempo que nuestra relación sería inalterable, invariable y resistente a los embates de la vida, como si estuviera en conserva. Un amor en formol? Eso es lo que quieres que piense? Después de todo lo que enterré, del esfuerzo y el trabajo, vienes a sacarme de nuevo todo eso?
El romanticismo a ultranza genera en la gente un limbo afectivo del cual se niegan a salir... será tu caso, pero no el mío. Tal vez haya rechazado la ruptura, en mis palabras, no asumí. El famoso dicho popular "donde hubo fuego, cenizas quedan" parece regir la vida de mucha gente, así que no pretendas que me crea lo que no es. Sería mejor decir "donde hubo fuego, quemaduras quedan", en mi caso llegaron a ser de cuarto grado.

Muchas veces lo que tanto deseas termina por llegar... pero otra veces demasiado tarde, cuando ya no hay remedio. Esperé tanto, me consumí tanto y perdí tanto tiempo, que cuando sucedió no me supuso nada. Ni una alegría, ni un reconforte, ni una sonrisa... sólo recordar que las heridas -a pesar de la cirugía- siguen estando ahí, son mías, aunque sólo yo las vea.
Tu regalo no me ha servido de nada, sólo pensar en lo absurdo de todo, y entender que aún me queda otro perdón por gestionar. Espero tener años para eso.

(Este fue el regalo recibido, demasiado tarde, ya hay cosas que es imposible cambiar ni volver atrás).

Pero te dedico esta respuesta, porque justo esta noche he vuelto a soñar contigo... y he vuelto a llorar como antes.




*Nota aclaratoria: este escrito es de hace algunos meses, pero he considerado que hoy era el momento.





miércoles, 27 de febrero de 2013

No me quieras tanto II


Me confieso una persona apegada. Lo que no sabía del apego es que no se define tanto como el deseo sino como la incapacidad de renunciar a él. No sabía que he sufrido de síndrome de abstinencia, señal inequívoca de que hay apego. Detrás de todo esto puede haber miedo, sí, eso es lo que estoy tratando de averiguar. Miedo al abandono, a la soledad, al dolor, a la carencia... todo eso que se puede nombrar tan fácil pero que es bien difícil de digerir. Sólo sé que el apego me ha desgastado y me ha “enfermado”, que a pesar de haber sufrido varios duelos parece que aún no soy capaz de elaborarlos y procesar las pérdidas de manera efectiva. He llegado a verme patética, porque la paradoja de todo esto es que el sujeto apegado, por evitar el sufrimiento, instaura esta dependencia, la cual incrementa el nivel de sufrimiento que lo llevará nuevamente a fortalecer su apego para volver otra vez a padecer. Sí, parece un trabalenguas, pero es el círculo vicioso que resulta en definitiva de todo esto.


                        Si me engañas una vez, tuya es la culpa
                        Si me engañas dos, la culpa es mía
                                    (Ananágoras)


La solución a todo esto es ser realista en el amor. ¿Y cómo lo consigues? Con autorrespeto y autocontrol. Y no todo el mundo lo hacemos, y peor, no lo hacemos creyendo que sí lo estamos haciendo y que vamos por el buen camino.
La primera premisa que he aprendido de todo esto es que si alguien no sabe que te quiere es que NO TE QUIERE. Nos acostumbramos a dar todo tipo de excusas, algunas de sobra manidas: “me quiere pero no se da cuenta”, “sus problemas le impiden amarme”, “esa es su manera de amar”, “me quiere pero tiene impedimentos externos”, “se va a separar”, “nadie es perfecto”, “no es tan grave”, “hay parejas peores”...
Todo esto implica un mal duelo, es decir, no se acepta la ruptura o la pérdida.
Hay excusas mucho peores y a mi entender aún más patéticas: “aunque no estemos juntos todavía me quiere”, “después de tanto tiempo es imposible que me haya dejado de querer sin más”, y la mejor de todas “un amor así nunca se acaba”. Es que de verdad, ahora lo leo y me da la risa.

Aunque yo no haya llegado a un nivel de patetismo tan elevado, sí me agarré a principios erróneos no excusables. “Todavía me llama, todavía quiere saber de mí”... Una mirada o una llamada puede significar que aún le gustas a tu ex, pero eso nada tiene que ver con el afecto. Puede tratarse de una atracción recordatoria o incluso reminiscencias hormonales, pero no significa necesariamente proximidad afectiva.

Se va a dar cuenta de lo que valgo, es cuestión de tiempo” también es un autoengaño muy recurrente. Pero ¿cuánto hay que esperar? ¿ Se justifica la demora? Para W. Riso sólo el hecho de que tengan que “perderte” para “valorarte” es ofensivo e insultante. ¿Hasta cuándo las mujeres, entre amigas, vamos a dejar de darnos estos consejos? ¿ No sería más afectivo poner los pies en el suelo y definir la realidad tal cual es? Una persona que espera la “evaluación” del otro, como si tuviera que pasar un examen, se está tratando como un objeto de compra-venta. Los que dudaron AFECTIVAMENTE una vez, vuelven a dudar. Es mejor no vivir en ascuas. Si no te aman hoy, NO TE AMAN.

Creo que de la mano de la anterior excusa va el de “intentaré nuevas estrategias de seducción”. JAJAJA Es que da igual lo que hagas. Que te veas más bella, más delgada, divirtiéndote, en compañía de otros, más estudiosa, más simpática, más abierta... da igual!!!! Estos son pañitos de agua fria para calmar el malestar, pero no eliminan la infección. Porque además, lo que seguramente derivará en que se dé la siguiente y (para mi caso) más grave excusa.
Todavía hacemos el amor”. Sí, apego al sexo, para rizar el rizo. Fue curioso cómo de la noche a la mañana me empecé a convertir en el ser más sensual y erótico del universo. Una atracción tardía y desconocida hasta entonces que te empujó a un éxtasis tal que me arrastró hasta mis propias cloacas. Qué bonita historia, todo muy “romántico”.
Seguir teniendo sexo con la persona que queremos pero que no nos corresponde (y lo sabe) es un DISPARATE. Cada encuentro se convierte en la confirmación de un “sí” con sabor a “no” y es una afrenta para la autoestima. Es la propia esperanza en carne viva. Porque ser deseable no es ser querible, queridos míos. El deseo no es amor.

Y sí, lo confieso: no me resigné a la pérdida, porque no quería perderme los beneficios. Miedo a quedarme sin afecto que, en definitiva, me llevaba a no establecer metas, a postergaciones amañadas y remedios insuficientes. ¿Por qué sucedió todo esto? En primer lugar por tu gran estrategia: “ vamos a ser amigos, te quiero mucho, no te quiero perder”. Y lo que me salté a piola (y eso que siempre lo he tenido claro, que para eso tengo mi propio cementerio) es que cuando una relación de pareja se rompe es prácticamente imposible ser amigo de la persona que aún se ama. ¿Y por qué? Porque no soportamos la idea de que esa persona ya no esté en nuestra vida, porque queremos seguir ahí de alguna manera... la cuestión era ¿sólo yo? Porque al final esto me estaba llevando a una tortura china inconsciente, porque cuando hay amor la amistad queda incluida (o debe quedar), pero si no puede haber más que amistad el amor se vuelve un problema. Incluso te inventaste un engendro (no manifiesto) del tipo follamigo, que no es ni una cosa ni la otra, experimentando afectivamente conmigo para así poder mantener mi ilusión de un encanto que ya no existía por tu parte.

¿Qué es lo que pasó? Que mi actuación estaba siendo de “dejarlo de a poquito”, pero tú tampoco me parabas. Sí ya sé, la responsabilidad era mía. Porque debería haber sabido que una persona con tendencia al apego no puede tratar con medias tintas. Es un típico autoengaño. Introducir el desamor paso a paso es como colocar lentamente una jeringa para que duela menos. Porque cada encuentro se convierte en una despedida a medio terminar, en un acto inconcluso que hay que volver a retomar, en una excusa para seguir. Vamos, que utilicé la “mejor” estrategia para desapegarme. Aunque aún se puede seguir cayendo en el agujero y es convirtiéndote en sólo un amante. ¿Y por qué? Porque hacer esto, con la excusa de no alejarnos del todo (o incluso por cierta dependencia sexual) es LA PEOR DE LAS DECISIONES. No sólo impedimos la elaboración del duelo, sino que perpetuamos el sufrimiento por tiempo indeterminado.

En definitiva, todos estos meses sólo he estado reteniendo la fuente de mi apego mediante mi propio autoengaño. Pero hay un camino, en mi interior había una luz. Y fue darme de bruces con la realidad, sintiendo un dolor profundo con sabor a traición, rompiéndome el alma, pero fui capaz de pararme sobre mis propios pies y mirar con perspectiva. Ahora empecé mi verdadero camino.




pd. habrá una tercera parte. No os quiero cansar.

jueves, 7 de febrero de 2013

No me quieras tanto I

En estos meses de inactividad en el blog, he estado no sólo pensando mucho, sino reflexionando a raíz de muchas conversaciones, lecturas y terapia. A pesar de todo esto, hay un momento donde ves la luz así de repente, como si una bombillita que parecía fundida sorprendentemente se enciende en algún lugar de tu mente...aunque esta vez, en mi caso, ha sido la luz de la bombilla acompañada con una bofetada sin manos.
Reconocer y asumir, reconocer y asumir, reconocer y asumir... son dos verbos tan simples, verdad? Pero para mí no, para mí pesan como una tonelada en mi corazón, en mi ego y en mis entrañas. Y eso que no me considero una persona orgullosa (tal vez por eso sea capaz de reconocer y asumir).

Aunque sé que esta entrada no la va a leer la persona a la que va dirigida (materialmente es im-po-si-ble), necesitaba la catarsis del blog. Para mí, quedarme con las cosas guardadas y no compartir no voy a decir que sea imposible, pero casi. El proceso catártico sale de mí tarde o temprano, de forma natural y a veces como una explosión. No creo que haga daño a nadie. Por otro lado, compartir mis conclusiones, mis lecturas o mis aprendizajes me hacen sentir algo más útil porque, en definitiva (y según palabras de mi terapeuta), mi tendencia natural es ayudar.

No voy a entrecomillar todo el texto porque para eso haría un corta-pega. Aunque las palabras textuales salen de libro de Walter Riso "Amar o Depender", yo las adapto a mi caso concreto. Recomiendo este libro a todas las personas que se sienten como yo (ya en su día os hablé de otra obra "Las mujeres que aman demasiado" link aquí) en este caso es aplicable tanto a hombres como a mujeres.
No me resigno a amar, pero sobre todo, amarme a mí misma.... a los "otros", por favor no me queráis tanto.

"Espero curarme de ti en unos dias
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral de turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad"
(Jaime Sabines)


pd. no quería que la entrada fuera demasiado larga, así que lo dejo para una segunda parte. Besos


domingo, 20 de febrero de 2011

El sentimiento de gilipollas

Como os conté la última vez, pretendía darle carpetazo al estresao. Lo he intentado tantas veces que no sé ni cómo me lo sigo creyendo yo misma. Pero este fin de semana creo que ha colmado ya mi paciencia. Porque me hace sentir como una aunténtica gilipollas. Es que no sé qué coño me atrae de este tio!!! Es un estresao, va siempre a mil, sólo me cuenta sus penas e historias inverosímiles, no salimos casi a ningún sitio y su dinero obviamente se lo gasta en él!!! Pero nada, yo erre que erre lo sigo intentando.

Este fin de semana él lo tenía libre y le pedí que lo pasáramos juntos. Como siempre, a mitad de semana me dijo lo agobiado que estaba porque en su empresa estaban exigiendo que trabajasen también los fines de semana, por marrones varios que no vienen al cuento. Yo salí el viernes con mis amigas y no hice más planes, pero le pedí que me confirmara si el sábado o el domingo nos veríamos, para saber yo si buscarme planes o no. Me dice que cuente con él para el sábado, pero hasta las 9:30 de la noche no da señales de vida (tampoco es que me importara mucho porque yo estaba super apalancada en casa). En definitiva, que viene a mi casa a las mil, cena él (yo no, porque a esas horas yo ya no tenía ganas), me cuenta sus penas y sus marrones laborales y a dormir. Al día siguiente se levanta para volver a trabajar y se va. Ni idea de si nos ibamos a ver por la tarde o qué.

Así que a lo largo de la mañana, mientras yo marujeaba por la casa, nos íbamos mandando correitos (algo muy habitual en nosotros) y de repente en un correo me dice que le "estoy tocando los huevos", que "no va a permitir más que le hable así porque está harto de mi maltrato sicológico hacia él y que no le ayudo en nada".
Os podeis imaginar mi cara???? Petrificada me quedé vaya... si lo único que le dije es que me había quedado con el cuerpo cortado por la mañana porque tenía ganas de sexo y no hicimos na!!!! Coño, se debería sentir halagado no? Además, que lo dije con un tono guasón e insinuando que me debía una....

En fin, que se me han quitado las ganas de todo. Hasta de discutir. Siempre he pensado que este tio me oculta un montón de cosas, pero de lo que estoy casi segura es de que cuando tiene planes, o no le interesa verme por lo que sea, me monta un pollo tremendo, se hace el ofendido y desaparece. No me parece normal. Y como han sido ya tantas veces, hoy ni siquiera me ha salido la lagrimita.
Me siento gilipollas por haberle dado tanto margen, por haber tirado del carro sabiendo que no íbamos a ningún lado así, por haberle dedicado tanto tiempo, haberme "comido" sus marrones, haberle abierto las puertas de mi casa (y de mi cama) para que ahora, a gritos (aunque sea por escrito) me diga que lo maltrato sicológicamente y que no le ayudo. Es muy fuerte decir eso cuando yo realmente sí he sufrido maltrato sicológico, y nunca se lo haría a nadie, y menos a alguien que quiero o aprecio.
Así que aquí me siento extraña, desilusionada al máximo, fría, escuchando a Medeleine Peyroux y con una cerveza mientras escribo...porque esta historia ya no sé si es para echarse a dormir o brindar por un final definitivo.