Como prometí a una seguidora (lo siento pero no recuerdo ahora mismo quién fue) voy a hablar de un libro de autoayuda que me ha venido muy bien para comprender muchas cosas que me han pasado, para verles un sentido y a partir de ahí, aprender de mis errores e intentar rectificar actitudes.
Se trata del libro "Las mujeres que aman demasiado", de la americana Robin Norwood. Y estas mujeres son somos básicamente las que sufren por amor.
A medida que iba leyendo el libro no dejaba de sorprenderme todas las situaciones que recreaba y que me habían pasado a mí tal cual, es como si lo estuviera viendo en una pantalla de cine. Situaciones vividas no con todos los hombres, pero sí especialmente con mi ex, con el estresado y, en menor medida, con el informático.
Yo no sabía que era una mujer que amaba demasiado, sólo que era una persona muy entregada y que me enamoraba con facilidad. Sin embargo, este tipo de mujeres no son las que aman a demasiados hombres, ni las que se enamoran con demasiada frecuencia, ni siquiera las que sienten un amor genuino demasiado profundo por otro ser. Son las que sólo saben amar sufriendo o bien que el "amor" que creen que sienten sólo les proporciona en definitiva sufrimiento y "obsesión" por la otra persona.
Si sufro por ti ¿me querrás?
Cuando amamos demasiado vivimos atrapadas en relaciones que afectan a nuestro bienestar emocional, a la vez que nos sentimos atraídas por hombres inaccesibles y problemáticos. Cuántas veces habéis oído (de vosotras mismas o de alguna conocida) aquello de que sólo se fija en tíos raros? Pues esta tendencia las tienen tenemos este tipo de mujeres. Y no raros en su primera apariencia, no no no, porque esos pueden echar para atrás desde el minuto uno, sino aquellos que precisamente no dejan ver su "problema" hasta más tarde. Y la cuestión es que este tipo de enganche, esta forma de relacionarse con los hombres, no es algo aislado ni poco frecuente sino, por contra, algo común en muchas mujeres que hemos aprendido (o nos han enseñado) que es así como deben de ser las relaciones de pareja.
Aunque el libro se centra y ejemplifica con casos de hombres alcohólicos o con algún tipo de adicción, estos casos son perfectamente equiparables a situaciones problemáticas, en las que nos enfrentamos a una relación con un hombre inaccesible, distante o con algún tipo de problema que nosotras creemos podemos solucionar (o eliminar) a través de nuestro amor.
Estas mujeres se enredan en situaciones de pareja donde el amor es un fin a conquistar. Sueñan con salvar al hombre que "aman" y piensan que si él cambiara obtendrían, como recompensa, su amor. Justifican la ira, la depresión, la crueldad, la indiferencia, la deshonestidad o la adicción de sus parejas. Creen que es posible el cambio y que esto depende de ellas. Sus historias personales pueden ser de una variedad infinita, pero todas tienen en común la necesidad de salvar a su hombre y de sufrir por ello.
Y os preguntaréis cómo se llega a esto y estoy segura que muchas diréis llegado a este punto que todo esto es una exageración, que es de gente insegura, que es algo sólo sacado de libros de psicología... y os puedo asegurar que no.
Una mujer no ama demasiado por casualidad, así de la noche a la mañana. Todo esto es un proceso basado en los aprendizajes de su infancia (aunque inconscientes), normalmente con algún tipo de carencia afectiva que les llevan a un concepto equivocado del amor. Pero todo esto no sólo está en el seno familiar sino que, desgraciadamente, nuestra sociedad nos enseña continuamente que sufrir por amor es romántico, no hay un gran amor sin un gran dolor por parte de alguno de los protagonistas. Estamos en una sociedad que refuerza las situaciones de mujeres que sufren por amor, creando heroínas de melodramas (en series de tv, en películas y en la novelas rosas), que siempre viven un gran amor por el cual el precio a pagar es el sufrimiento. Existe un mercado saturado de historias de amores difíciles, imposibles, conflictivas, que precisamente no enseñan a cómo salir y rechazar este tipo de relaciones no gratificantes para nosotras. Al contrario, lo válido es sufrir por amor, y que seamos dignas de que él nos ame es nuestra mayor recompensa. Nos enseñan a medir nuestro amor en función de la profundidad de nuestro sufrimiento.
En casa no había amor, sólo deber
Como ya he comentado, las mujeres que aprendemos a amar de esta manera solemos provenir de una familia disfuncional. Una familia disfuncional es aquella en la que los miembros juegan papeles rígidos y la comunicación entre ellos está restringida en función de esos roles. Los miembros no tienen libertad real para expresar sus experiencias, deseos, necesidades y sentimientos, sino que deben limitarse a jugar el papel que se adapte al de los demás miembros de la familia. En las familias disfuncionales, los aspectos principales de la realidad se niegan, y los papeles permanecen rígidos. Cuando nadie puede hablar sobre lo que afecta a cada miembro de la familia individualmente y a la familia como grupo (incluso cuando estos temas son prohibidos en forma implícita o explícita) aprendemos a no creer en nuestras propias percepciones o sentimientos. Como nuestra familia niega la realidad, nosotros también comenzamos a negarla. Y esto va deteriorando el desarrollo de nuestras herramientas básicas para vivir la vida y para relacionarnos con la gente y las situaciones. Y es este deterioro básico lo que opera en las mujeres que aman demasiado. Nos volvemos incapaces de discernir cuándo alguien o algo no es bueno para nosotros. Las situaciones y la gente que otros evitarían naturalmente por peligrosas, incómodas o perjudiciales no nos echan para atrás, porque no tenemos manera de evaluarlas de forma realista o autoprotectora.
Un hogar disfuncional no nos va a satisfacer emocionalmente, así que crecemos y aprendemos con una serie de "taras" que posteriormente (en la edad madura) volcaremos en nuestras relaciones. Cuando no hemos recibido el afecto suficiente, o la atención que nosotros creemos necesitar desde pequeños, cuando en nuestra familia aprendemos a ocultar sentimientos, a tener temas tabús, a oir-ver-callar, a que nuestra madre sufra por muchas situaciones y no se hable del tema, o bien no se comparta con el resto de la familia (normalmente por un afán de protección a los hijos), seguramente trataremos de compensar esta falta de afecto dando afecto a mansalva, especialmente a hombres que "parecen" necesitados. Aprendemos de forma inconsciente que podemos cambiar a los hombres a través de nuestro amor, por eso ninguna cosa resulta demasiado problemática, ni demasiado costosa, ni se alarga demasiado en el tiempo si con ello logramos ayudar (salvar) a nuestra pareja.
Por supuesto todo esto viene parejo a la inseguridad emocional, a la baja autoestima, a una serie de carencias emocionales y afectivas en general pero que resulta demasiado extenso para contar en un post.
¿Qué nos atrae de los hombres emocionalmente insanos?
¿Por qué resulta tan difícil poner fin a estas relaciones, dejar a esa persona que nos está arrastrando por tanto dolor? Hay una regla empírica que dice así: cuanto más difícil es poner fin a una relación que es mala para nosotros, más elementos de nuestra lucha infantil contiene.
Cuando amamos demasiado es porque tratamos de vencer los viejos miedos, frustraciones y dolores de la niñez, y darse por vencido es renunciar a una valiosísima oportunidad: la de encontrar alivio y de rectificar lo que hemos hecho mal. Esta emocionante posibilidad de rectificar viejos errores, de recuperar el amor perdido y de ganar una aprobación reprimida es lo que, para las mujeres que aman demasiado, constituye la atracción inconsciente que subyace al hecho de enamorarse.
Por ese motivo, no se sienten atraidas por hombres agradables, amables, confiables, interesados, les parecen aburridos. Esta clase de hombres compasivos y comprensivos no nos pueden ofrecer el drama, el dolor o la tensión a las que estamos acostumbradas y que nos parecen tan estimulantes y correctos.
¿Por qué a las mujeres nos atrae tan profundamente la idea de convertir a alguien infeliz, enfermo o problemático en nuestra pareja perfecta? ¿Por qué es un concepto tan atractivo, tan perdurable?
Esa necesidad de controlar a otros se origina en la niñez, durante la cual se experimentan muchas emociones abrumadoras. Las herramientas de autoprotección incluyen un poderoso mecanismo de defensa, la negación, y una igualmente poderosa motivación subconsciente, el control.
El mecanismo de negación resulta especialmente útil para ignorar información con la que no queremos tratar. Se puede definir a la negación como el hecho de rehusarse a admitir la realidad en dos niveles: en el nivel de lo que está sucediendo en realidad, y en el nivel de los sentimientos. En una familia disfuncional siempre hay una negación compartida de la realidad.
Para nosotros no resulta fácil ni cómodo considerar que el comportamiento desinteresado, el “ser bueno” y los esfuerzos por ayudar pueden ser en realidad intentos de controlar, y que no tienen motivaciones altruistas. Cuando los esfuerzos por ayudar provienen de personas con antecedentes desdichados, o que están atravesando relaciones llenas de tensiones, siempre hay que sospechar la necesidad de controlar.
Cuando hacemos por otro lo que él mismo puede hacer, cuando planeamos el futuro o las actividades diarias de otro, cuando sugerimos, aconsejamos, recordamos, advertimos o tratamos de persuadir con halagos a alguien que no es una criatura, eso es CONTROLAR.
Una mujer que habitualmente practica la negación y el control se verá atraída a situaciones que exijan esas características. La negación alimenta la necesidad de controlar, y el inevitable fracaso en los intentos de controlar, alimenta la necesidad de negar.
El patrón de desarrollar relaciones en las que el papel de la mujer sea comprender, alentar y mejorar a su pareja es una fórmula muy utilizada por las mujeres que aman demasiado, y por lo general produce exactamente lo contrario al resultado esperado. En lugar de un hombre agradecido y leal que esté unido a ella por su devoción y su dependencia, una mujer así encuentra que pronto tiene un hombre que es cada vez más rebelde, resentido y crítico para con ella. Por su propia necesidad de mantener su autonomía y su respeto de sí mismo, él debe dejar de verla como la solución de todos sus problemas y verla, en cambio, como la fuente de muchos de ellos, si no de la mayoría. Cuando esto sucede y la relación se derrumba, la mujer cae en
una sensación más profunda de fracaso y desesperación. Si ni siquiera puede hacer que alguien tan necesitado e inadecuado la ame, ¿cómo podría esperar ganar y conservar el amor de un hombre más sano y apropiado? Eso explica por qué con tanta frecuencia una mujer así pasa de una mala relación a otra que es peor aún: porque con cada fracaso se siente cada vez menos digna.
Sé que es un tema complicado y me cuesta exponer todas las conclusiones a las que he llegado, pero he querido compartir parte de este libro con vosotros porque, al menos, ha sido una lectura que para mí se ha convertido en aprendizaje. Sobre todo porque me ha ayudado a comprender situaciones y actitudes que he vivido sufrido y no lograba entender. Por este motivo, es un libro que recomiendo a todos aquellos que sufren por amor y que llegan a sentirse tan desesperados, tan incomprendidos y tan mal consigo mismos que el sufrimiento no les permite avanzar.
No quiero terminar sin aclarar que aunque el libro se titule "Las mujeres..." es perfectamente extrapolable a los hombres, aunque -según la autora- son más numerosos los casos de mujeres "sufridoras" que de hombres sufridores, amén de que los trabajos terapéuticos utilizados en el libro han sido realizados con mujeres.
Más adelante profundizaré algo más en este libro, ya os digo que es muy profundo como para tratarlo en un post. Espero que os haya resultado interesante y que opinéis y para cualquier aclaración o duda tenéis la libertad de comentar. Un beso a todos.

