Me confieso una persona apegada. Lo que
no sabía del apego es que no se define tanto como el deseo sino como la incapacidad
de renunciar a él. No sabía que he sufrido de síndrome de abstinencia, señal
inequívoca de que hay apego. Detrás de todo esto puede haber miedo, sí, eso es
lo que estoy tratando de averiguar. Miedo al abandono, a la soledad, al dolor,
a la carencia... todo eso que se puede nombrar tan fácil pero que es bien
difícil de digerir. Sólo sé que el apego me ha desgastado y me ha “enfermado”, que
a pesar de haber sufrido varios duelos parece que aún no soy capaz de
elaborarlos y procesar las pérdidas de manera efectiva. He llegado a verme
patética, porque la paradoja de todo esto es que el sujeto apegado, por evitar
el sufrimiento, instaura esta dependencia, la cual incrementa el nivel de
sufrimiento que lo llevará nuevamente a fortalecer su apego para volver otra
vez a padecer. Sí, parece un trabalenguas, pero es el círculo vicioso que
resulta en definitiva de todo esto.
Si me engañas una vez, tuya es la
culpa
Si me engañas dos, la culpa es mía
(Ananágoras)
La solución a todo esto es ser realista
en el amor. ¿Y cómo lo consigues? Con autorrespeto y autocontrol. Y no todo el
mundo lo hacemos, y peor, no lo hacemos creyendo que sí lo estamos haciendo y
que vamos por el buen camino.
La primera premisa que he aprendido de
todo esto es que si alguien no sabe que te quiere es que NO TE QUIERE. Nos
acostumbramos a dar todo tipo de excusas, algunas de sobra manidas: “me
quiere pero no se da cuenta”, “sus problemas le impiden amarme”, “esa es su
manera de amar”, “me quiere pero tiene impedimentos externos”, “se va a
separar”, “nadie es perfecto”, “no es tan grave”, “hay parejas peores”...
Todo esto implica un mal duelo, es decir,
no se acepta la ruptura o la pérdida.
Hay excusas mucho peores y a mi entender
aún más patéticas: “aunque
no estemos juntos todavía me quiere”, “después de tanto tiempo es imposible que
me haya dejado de querer sin más”, y la mejor de
todas “un
amor así nunca se acaba”. Es que de verdad, ahora lo
leo y me da la risa.
Aunque yo no haya llegado a un nivel de
patetismo tan elevado, sí me agarré a principios erróneos no excusables. “Todavía me llama, todavía
quiere saber de mí”... Una mirada o una llamada puede
significar que aún le gustas a tu ex, pero eso nada tiene que ver con el
afecto. Puede tratarse de una atracción recordatoria o incluso reminiscencias
hormonales, pero no significa necesariamente proximidad afectiva.
“Se va a dar cuenta de lo que valgo, es
cuestión de tiempo” también es un autoengaño muy
recurrente. Pero ¿cuánto hay que esperar? ¿ Se justifica la demora? Para W.
Riso sólo el hecho de que tengan que “perderte” para “valorarte” es ofensivo e
insultante. ¿Hasta cuándo las mujeres, entre amigas, vamos a dejar de darnos
estos consejos? ¿ No sería más afectivo poner los pies en el suelo y definir la
realidad tal cual es? Una persona que espera la “evaluación” del otro, como si
tuviera que pasar un examen, se está tratando como un objeto de compra-venta.
Los que dudaron AFECTIVAMENTE una vez, vuelven a dudar. Es mejor no vivir en
ascuas. Si no te aman hoy, NO TE AMAN.
Creo que de la mano de la anterior excusa
va el de “intentaré
nuevas estrategias de seducción”. JAJAJA Es que da
igual lo que hagas. Que te veas más bella, más delgada, divirtiéndote, en
compañía de otros, más estudiosa, más simpática, más abierta... da igual!!!!
Estos son pañitos de agua fria para calmar el malestar, pero no eliminan la
infección. Porque además, lo que seguramente derivará en que se dé la siguiente
y (para mi caso) más grave excusa.
“Todavía hacemos el amor”. Sí, apego al sexo, para rizar el rizo. Fue curioso cómo de la
noche a la mañana me empecé a convertir en el ser más sensual y erótico del
universo. Una atracción tardía y desconocida hasta entonces que te empujó a un
éxtasis tal que me arrastró hasta mis propias cloacas. Qué bonita historia,
todo muy “romántico”.
Seguir teniendo sexo con la persona que
queremos pero que no nos corresponde (y lo sabe) es un DISPARATE. Cada encuentro
se convierte en la confirmación de un “sí” con sabor a “no” y es una afrenta
para la autoestima. Es la propia esperanza en carne viva. Porque ser deseable
no es ser querible, queridos míos. El deseo no es amor.
Y sí, lo confieso: no me resigné a la
pérdida, porque no quería perderme los beneficios. Miedo a quedarme sin afecto
que, en definitiva, me llevaba a no establecer metas, a postergaciones amañadas
y remedios insuficientes. ¿Por qué sucedió todo esto? En primer lugar por tu
gran estrategia: “ vamos
a ser amigos, te quiero mucho, no te quiero perder”.
Y lo que me salté a piola (y eso que siempre lo he tenido claro, que para eso
tengo mi propio cementerio) es que cuando una relación de pareja se rompe es
prácticamente imposible ser amigo de la persona que aún se ama. ¿Y por qué?
Porque no soportamos la idea de que esa persona ya no esté en nuestra vida,
porque queremos seguir ahí de alguna manera... la cuestión era ¿sólo yo? Porque
al final esto me estaba llevando a una tortura china inconsciente, porque
cuando hay amor la amistad queda incluida (o debe quedar), pero si no puede
haber más que amistad el amor se vuelve un problema. Incluso te inventaste un
engendro (no manifiesto) del tipo follamigo, que no es ni una cosa ni la
otra, experimentando afectivamente conmigo para así poder mantener mi ilusión
de un encanto que ya no existía por tu parte.
¿Qué es lo que pasó? Que mi actuación
estaba siendo de “dejarlo
de a poquito”, pero tú tampoco me parabas. Sí ya sé,
la responsabilidad era mía. Porque debería haber sabido que una persona con
tendencia al apego no puede tratar con medias tintas. Es un típico autoengaño.
Introducir el desamor paso a paso es como colocar lentamente una jeringa para
que duela menos. Porque cada encuentro se convierte en una despedida a medio
terminar, en un acto inconcluso que hay que volver a retomar, en una excusa
para seguir. Vamos, que utilicé la “mejor” estrategia para desapegarme. Aunque
aún se puede seguir cayendo en el agujero y es convirtiéndote en sólo un
amante. ¿Y por qué? Porque hacer esto, con la excusa de no alejarnos del todo
(o incluso por cierta dependencia sexual) es LA PEOR DE LAS DECISIONES. No sólo
impedimos la elaboración del duelo, sino que perpetuamos el sufrimiento por
tiempo indeterminado.
En definitiva, todos estos meses sólo he
estado reteniendo la fuente de mi apego mediante mi propio autoengaño. Pero hay
un camino, en mi interior había una luz. Y fue darme de bruces con la realidad,
sintiendo un dolor profundo con sabor a traición, rompiéndome el alma, pero fui
capaz de pararme sobre mis propios pies y mirar con perspectiva. Ahora empecé
mi verdadero camino.
pd. habrá una tercera parte. No os quiero cansar.